La promesa de la “ciudad inteligente” se apoya en una idea seductora: que todo puede medirse, visualizarse y optimizarse en tiempo real. Pero ¿qué se pierde cuando la ciudad se traduce en un tablero de datos? Este artículo propone una lectura crítica del big data urbano, no para negar su potencia, sino para interrogar sus límites y efectos.
El desafío actual no es solo técnico ni estético, sino epistémico: reabrir el campo disciplinar de la arquitectura hacia una vanguardia capaz de decodificar los flujos digitales, las nuevas formas de habitar y los conflictos de nuestro tiempo. Solo así la disciplina podrá reinventarse.
Crítica sobre el abordaje a la inteligencia artificial y sus posibles incidencias en la construcción de subjetividades individuales y espaciales, al tiempo que plantea interrogantes sobre la IA como tendencia discursiva de la transformación digital.